El "Conejo Malo" conquista el Super Bowl LX: Crónica de una noche histórica
El Levi’s Stadium fue testigo ayer de una de las actuaciones más vibrantes y cargadas de simbolismo en la historia reciente de la NFL. Bad Bunny se convirtió en el primer artista solista latino en encabezar el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX, transformando el campo de juego en un vibrante homenaje a la cultura puertorriqueña y a la identidad panamericana.
El espectáculo comenzó con el artista emergiendo entre campos de caña de azúcar falsos, rodeado de figuras tradicionales como los jíbaros con sus sombreros de pava y abuelos jugando dominó. Con una lista de éxitos que incluyó "Tití Me Preguntó" y "Yo Perreo Sola", Benito no estuvo solo; lo acompañaron figuras de la talla de Lady Gaga —con quien interpretó una versión salsera— y el veterano Ricky Martin. El cierre fue un despliegue de banderas de todo el continente, con un mensaje final en las pantallas que sentenció: "The only thing more powerful than hate is love" (Lo único más poderoso que el odio es el amor).
En lo deportivo, la noche también fue para el recuerdo. Los Seattle Seahawks se alzaron con el trofeo Vince Lombardi tras derrotar con contundencia a los New England Patriots con un marcador de 29-13. La defensa de Seattle fue impenetrable, asegurando el segundo título de la franquicia y dejando a los de Nueva Inglaterra sin respuesta ante el empuje de los "Halccones Marinos".
Análisis: La resistencia cultural frente a la política de exclusión
La participación de Bad Bunny ayer no fue solo una elección musical, sino un acto de desafío ideológico directo frente a la retórica anti-migratoria de la administración de Donald Trump. En un contexto donde el gobierno federal ha intensificado las operaciones del ICE y el presidente ha calificado la selección del artista como "una bofetada a EE. UU.", el cantante utilizó la plataforma de mayor audiencia del país para reafirmar que la cultura latina es ya una parte indisoluble y soberana del tejido estadounidense.
El uso exclusivo del idioma español durante casi 15 minutos fue la herramienta política más potente. Al negarse a "traducirse" para el consumo anglosajón, Benito obligó a una nación polarizada a escuchar y celebrar en la lengua que el discurso oficial actual intenta marginalizar. Esta decisión refuerza su postura previa de excluir al territorio continental de su gira por temor a redadas migratorias, convirtiendo el centro del campo en un "espacio seguro" y de visibilidad radical para la comunidad inmigrante.
Fuente: EMpro

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