Irán desata el caos tras atacar infraestructuras energéticas del golfo Pérsico
Desde que Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva contra Irán el pasado sábado, Teherán ha expandido el conflicto más allá de sus fronteras, atacando activos estadounidenses y de países del Golfo Pérsico. Los ataques, inicialmente selectivos, se han convertido en un frente abierto contra el motor económico de la región, afectando aeropuertos, infraestructuras energéticas y zonas turísticas.
Qatar ha interceptado 100 misiles balísticos, Emiratos Árabes Unidos 167 y Bahréin casi un centenar, mientras que Omán ha sufrido daños en tanques de combustible. Además, la Guardia Revolucionaria iraní anunció el cierre del estrecho de Ormuz, crucial para el comercio de un 20% del petróleo mundial.
Analistas sostienen que Irán busca presionar a Washington y aumentar los precios globales de la energía, mostrando además su capacidad para sostener un conflicto prolongado. Los países del Golfo ya advirtieron que tienen derecho a responder, aunque una represalia directa podría arrastrar a toda la región a una guerra abierta.
Qatar y Emiratos Árabes Unidos han adoptado medidas preventivas: Doha cortó comunicaciones con Teherán y suspendió producción industrial de gas, mientras que Dubái cerró su embajada. Arabia Saudí interceptó drones que atacaban Riad y Al Khraj, aunque uno logró impactar la embajada estadounidense, provocando un incendio. Washington anunció evacuación de sus embajadas en Kuwait e Irak y advirtió que responderá pronto.
En paralelo, Israel intensificó sus bombardeos sobre Teherán y Qom, afectando barrios densamente poblados, instalaciones militares y edificios estatales. Entre los ataques recientes, cinco miembros de la Guardia Revolucionaria murieron en Bushehr, mientras que el edificio de la Asamblea de Expertos en Qom, responsable de elegir al próximo líder supremo, también fue impactado.
Hasta ahora, el conflicto ha dejado 787 muertos en Irán, según la Media Luna Roja, y mantiene al país parcialmente aislado con cortes de telecomunicaciones y cierre de comercios e instituciones. Las autoridades iraníes aseguran que el país sigue funcionando pese a la escalada, mientras los gobiernos árabes advierten que la agresión solo refuerza la percepción de que Irán es fuente de inestabilidad en la región.
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