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Día del Maestro en Venezuela: Entre el pizarrón vacío y la exigencia de un cambio real en la transición

La conmemoración del 15 de enero llega marcada por la precariedad salarial y el colapso de la infraestructura escolar. Los gremios docentes advierten que la "nueva etapa" política del país no tendrá futuro si no se prioriza el rescate de la educación por encima de los acuerdos petroleros.



Lo que históricamente fue una fecha para celebrar la vocación y la lucha iniciada en 1932, hoy se ha convertido en una jornada de resistencia. Este jueves, el Día del Maestro encuentra a los educadores venezolanos en un escenario de incertidumbre extrema, atrapados entre las secuelas de una crisis económica devastadora y las expectativas de una transición política que apenas comienza a configurarse.

Más que celebraciones en las plazas Bolívar, el ambiente en el sector educativo es de emergencia. Los docentes, pilares fundamentales en la reconstrucción del tejido social, enfrentan este 2026 con una exigencia clara hacia las nuevas dinámicas de poder: la educación no puede seguir siendo la última prioridad de la agenda nacional.


Sueldos pulverizados y diáspora masiva

El nudo crítico del conflicto magisterial sigue siendo la destrucción del poder adquisitivo. Según reportes sindicales, el ingreso de los educadores se mantiene muy por debajo del umbral de pobreza extrema establecido por organismos internacionales. La política de "bonificación" del salario —que excluye los montos de las prestaciones sociales y beneficios contractuales— ha generado una distorsión que hace insostenible la vida del maestro.

Esta realidad ha forzado una diáspora profesional sin precedentes. Miles de educadores han tenido que colgar la tiza para emigrar o dedicarse a la economía informal para garantizar su subsistencia, dejando tras de sí aulas vacías y una carencia alarmante de personal calificado en áreas críticas como matemáticas y ciencias.


Escuelas en ruinas y desprotección social

Al drama salarial se suma el colapso físico de los planteles. La mayoría de las escuelas públicas operan con graves deficiencias en servicios básicos como agua y electricidad, y con una nula dotación tecnológica, lo que dificulta cualquier intento de modernización pedagógica.

Asimismo, la seguridad social del gremio ha desaparecido en la práctica. Instituciones como el IPASME, otrora garantes de la salud del docente, presentan una inoperatividad que deja a los maestros y sus familias desasistidos ante los altos costos de la medicina privada en el país.


Un llamado a la nueva administración

En medio de la reciente sacudida política y la reconfiguración del gobierno tras los eventos de principios de enero, el magisterio alza la voz. Los líderes gremiales alertan que la narrativa de "normalización económica" y estabilidad petrolera que se discute en las altas esferas será insuficiente si no contempla un plan de emergencia educativa.

La postura del sector es firme: la reconstrucción de Venezuela no depende solo de la producción de crudo, sino de la capacidad de formar a las nuevas generaciones. Para los maestros venezolanos, este 15 de enero no es un día de fiesta, sino un recordatorio de que, sin educación digna, no hay transición democrática posible.


Fuente: EMpro

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