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Reconstruir Venezuela exige algo más que dinero: “Hay que empezar a movilizar la diáspora”

La reconstrucción de Venezuela no dependerá únicamente de recursos financieros ni de un eventual cambio político. El verdadero desafío será encontrar a las personas capaces de volver a poner en marcha un Estado que hoy presenta profundas debilidades institucionales, administrativas y operativas.


Esa fue una de las principales advertencias formuladas por Adriana D’Elia durante el foro sobre Administración Pública, transparencia y rendición de cuentas organizado por Transparencia Venezuela.

La consejera del Banco Interamericano de Desarrollo cree que Venezuela enfrenta una realidad particularmente compleja debido a la ausencia de información pública confiable sobre la situación del país. A su juicio, una de las primeras tareas de cualquier proceso de transición será reconstruir los sistemas de información que permitan comprender con precisión qué ocurre en cada territorio y cuáles son las necesidades más urgentes. La opacidad institucional se ha convertido en uno de los principales obstáculos para diseñar políticas públicas efectivas.

D’Elia insiste en que el país debe comenzar desde ya a pensar en el día después. En ese escenario, la diáspora venezolana adquiere un papel estratégico.


Hay que empezar a movilizar la diáspora”, asegura, al advertir que los tres niveles de gobierno —nacional, regional y municipal— se encuentran severamente debilitados tras años de deterioro institucional.

La especialista señala que el reto no consiste únicamente en modificar leyes o propiciar cambios en el sistema político. El problema central será quién ocupará los espacios necesarios para hacer funcionar nuevamente al Estado. “No es cambiar las leyes y que cambie el régimen político, sino dónde está la gente que estará en esos tres niveles de poder”, expresa.

La preocupación va más allá de los cargos de dirección. D’Elia alertó sobre la ausencia de capital humano en áreas esenciales para la recuperación nacional. “El maestro, la fuerza laboral, todavía no están y ese es un gran desafío. Se necesitan personas porque estamos desmantelados como país”, afirma.

Sus palabras apuntan a una realidad que diversos expertos han venido señalando durante años: millones de venezolanos emigraron, incluyendo profesionales, técnicos, docentes, funcionarios públicos y trabajadores especializados cuya experiencia será indispensable en una eventual reconstrucción nacional.

Una transición limitada

La representante del BID también recordó que la recuperación económica enfrentará importantes restricciones financieras. Explica que ni el Banco Interamericano de Desarrollo ni la CAF pueden iniciar operaciones de crédito o programas de inversión en Venezuela mientras permanezcan pendientes las obligaciones financieras acumuladas por el país.

Según indica, Venezuela mantiene una deuda cercana a 2.500 millones de dólares con el BID y una cifra similar con CAF, situación que impide la aprobación de nuevos financiamientos. “Es un proceso complejo”, señala.

Precisa que, en las condiciones actuales, lo único viable son cooperaciones técnicas destinadas a generar información, diseñar programas y estructurar proyectos que eventualmente podrían ejecutarse una vez resuelta la situación financiera. En ese contexto, manifiesta su expectativa de que Venezuela pueda avanzar hacia un proceso electoral que abra espacios para una reconstrucción institucional y económica.


Fragilidad institucional

D’Elia describe a Venezuela como un país altamente frágil, marcado por el debilitamiento de las instituciones, la falta de información pública y los problemas asociados a la corrupción.

Por ello plantea que uno de los primeros pasos de una eventual transición debe ser la elaboración de un mapa nacional de fragilidad territorial basado en indicadores sociales, económicos e institucionales. La propuesta busca identificar las zonas más vulnerables y orientar de forma eficiente los esfuerzos de recuperación.

Asimismo, destaca la necesidad de construir una plataforma integrada de transparencia que permita recuperar la confianza ciudadana, garantizar el acceso a la información y fortalecer los mecanismos de rendición de cuentas. La transparencia y el acceso a la información han sido señalados por diversas organizaciones como elementos esenciales para reducir riesgos de corrupción y fortalecer la gestión pública.

El mensaje de fondo fue contundente: la reconstrucción de Venezuela no será únicamente una tarea financiera o política. Será, sobre todo, una tarea humana. Sin profesionales, maestros, técnicos, servidores públicos y trabajadores capacitados dispuestos a regresar o colaborar desde el exterior, el proceso de recuperación del país podría enfrentar obstáculos tan grandes como los económicos. La diáspora, más que un fenómeno migratorio, aparece así como una de las principales reservas estratégicas para el futuro de Venezuela.


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