¿Relevo o estrategia? El rol institucional de Figuera frente al liderazgo de Machado Por Freddy Alberto León
La reciente reunión en Caracas entre Dinorah Figuera, presidenta de la Asamblea Nacional de 2015, y Jorge Rodríguez ha sacudido el tablero político, avivando lecturas apresuradas sobre un presunto desplazamiento del liderazgo de María Corina Machado.
Sin embargo, reducir este acercamiento a una pérdida de terreno de la líder de Vente Venezuela es obviar la naturaleza de los roles en la compleja transición venezolana. Mientras Figuera opera desde la obligada formalidad institucional para negociar árbitros clave como el CNE y el TSJ, Machado preserva intacto su capital político bajo una lógica de distancia estratégica.
Para Machado, no pactar directamente con la administración oficialista no es un síntoma de debilidad, sino una muralla ética y táctica. En un ecosistema donde la cohabitación suele desgastar la confianza ciudadana, mantener una postura de no contaminación resguarda su imagen de cara al electorado. La política real exige peones en la arena institucional para destrabar reglas de juego, pero también requiere de una figura que encarne la alternativa presidencial indiscutible, un rol de liderazgo de masas que las bases le otorgaron y que no se diluye en una mesa de negociación.
No hay, por tanto, una pérdida de conducción, sino una clara división del trabajo político. Figuera asume el costo de la fontanería institucional amparada por el respaldo internacional, mientras Machado capitaliza la expectativa de cambio como la candidata natural a la primera magistratura. Lejos de verse eclipsada, la distancia de Machado la mantiene limpia y lista para el desenlace electoral, demostrando que en el ajedrez hacia la transición, el silencio estratégico y la pureza discursiva son tan necesarios como la firma de los acuerdos.
Por Freddy Alberto León
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