Venezuela debe sortear ahora sobreoferta petrolera tras fin de crisis en Ormuz
Estados Unidos comenzó este jueves a aplicar uno de los compromisos centrales del acuerdo alcanzado con Irán al anunciar el fin de las operaciones de bloqueo sobre el tráfico marítimo vinculado a los puertos de la República Islámica.
La decisión fue comunicada por el Comando Central estadounidense (CENTCOM), que confirmó el cese de las restricciones impuestas durante la guerra iniciada a fines de febrero.
“Hoy, las fuerzas estadounidenses levantaron el bloqueo sobre todo el tráfico marítimo que entra y sale de los puertos y zonas costeras iraníes, de acuerdo con las instrucciones del presidente”, señaló el CENTCOM en un comunicado publicado en sus redes sociales.
El mando militar agregó que las embarcaciones que se dirijan a puertos iraníes ubicados en el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán ya no enfrentan impedimentos por parte de Washington.
En el ámbito de la geopolítica mundial, el Pacto de Teherán, entre el régimen iraní y el gobierno de Donald Trump, es una noticia positiva, pero ya desde el punto de vista estratégico para la recuperación de Venezuela, implica la eliminación de un salvavidas petrolero descomunal.
Por años, Venezuela depende de una variable que no controla: el precio internacional del petróleo.
Proyecciones
Durante los meses de conflicto, el cierre parcial del estrecho de Ormuz, por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial, restringió la oferta global y sostuvo los precios del crudo. Sin embargo, el acuerdo alcanzado entre Washington y Teherán contempla la reapertura de esa ruta estratégica y la normalización progresiva de los flujos energéticos desde el Golfo Pérsico.
La advertencia más contundente llegó esta semana desde la Agencia Internacional de Energía (AIE). El organismo proyecta que, una vez recuperados los flujos de exportación del Golfo y restablecida plenamente la producción iraní, el mercado petrolero podría entrar en una fase de significativa sobreoferta en 2027.
La agencia estima que la producción mundial aumentará alrededor de 8 millones de barriles diarios, mientras la demanda apenas crecería unos 2 millones.
En otras palabras, el problema que enfrentará el mercado ya no será la falta de petróleo, sino el exceso.
La perspectiva coincide con lo planteado por Asdrúbal Oliveros, consultor financiero, quien advierte que la crisis de Ormuz abre las compuertas a la futura caída de precios derivada de la abundancia de crudo.
La crisis de Ormuz deja secuelas significativas: el mayor riesgo para el mercado petrolero ya no parece ser la escasez, sino una futura sobreoferta. La AIE prevé que, una vez normalizados los flujos globales, la producción crecerá mucho más rápido que la demanda en 2027”, advierte Oliveros.
Aunque el país posee las mayores reservas probadas del planeta, décadas de desinversión, sanciones, deterioro de infraestructura y problemas de gestión redujeron drásticamente su capacidad productiva. Hoy cualquier estrategia de recuperación fiscal, captación de divisas o crecimiento económico pasa necesariamente por aumentar la extracción y exportación de petróleo.
El problema es que producir más no necesariamente significa ganar más.
Para Venezuela esto plantea un desafío estratégico: aumentar producción es necesario, pero confiar en un nuevo súper ciclo petrolero puede ser un error. La ventana de oportunidad existe, pero es limitada. El verdadero reto sigue siendo transformar expansión petrolera en crecimiento sostenible e instituciones como contrapeso”, plantea Oliveros.
Si el acuerdo entre Irán y Estados Unidos permite el retorno pleno del petróleo iraní al mercado y se normalizan las exportaciones del Golfo, los precios internacionales podrían enfrentar una presión bajista sostenida. Goldman Sachs ya redujo sus previsiones para el petróleo tras el anuncio de la reapertura de Ormuz.
Para Venezuela, que necesita precios relativamente altos para maximizar ingresos fiscales y atraer inversiones, un barril más barato implica menos recursos para el Estado, menor capacidad de financiamiento y un entorno más complejo para sostener cualquier proceso de recuperación.
Una ventana que podría cerrarse rápido
La ironía es evidente. Mientras varias empresas internacionales comienzan a expandir sus operaciones en Venezuela y se exploran nuevas oportunidades de inversión energética, el mercado global podría entrar precisamente en una fase menos favorable para los productores.
La reapertura de Ormuz liberará millones de barriles que permanecían retenidos durante el conflicto. Reuters reporta que decenas de supertanqueros con enormes volúmenes de crudo esperan volver al mercado una vez se normalice la navegación.
A ello se suma la desaceleración del crecimiento de la demanda, especialmente en Asia. China, durante dos décadas motor del consumo petrolero mundial, muestra señales de menor dinamismo debido a la expansión de los vehículos eléctricos y cambios en sus patrones energéticos.
El resultado podría ser una tormenta perfecta para los países altamente dependientes de la exportación de hidrocarburos.
La firma de la paz entre Irán y Estados Unidos no solo redefine el equilibrio geopolítico de Oriente Medio. También envía una señal contundente a economías como la venezolana y no es otra que apostar exclusivamente a que el petróleo resolverá los problemas estructurales del país es una estrategia cada vez más riesgosa.
DiarioVersionFinal
