La deuda externa venezolana puede convertirse en la trama de blanqueo más grande de la historia

El chavismo en Miraflores podría planear la coartada perfecta para el blanqueo de capitales más grande de la historia de Venezuela. Y la propia Delcy Rodríguez, la tutelada de Washington, estaría diseñando la estrategia.


¿Cómo lo lograrían?

Con una reestructuración de la deuda externa que, según las estimaciones alcanzaría unos 240 mil millones de dólares (dato de analistas expertos consultados por los equipos de investigación del Financial Times).

Rodríguez anunció en mayo pasado que trabajan en documentos guía para organizar la deuda y negociar con acreedores, pero, a día de hoy, las cuentas siguen ocultas. Y uno de los primeros riesgos, apuntan economistas y abogados, es precisamente un lavado de proporciones insospechadas.

Si Delcy Rodríguez logra restructurar la deuda sin una auditoría seria, podría renegociar bonos de deuda pública venezolana que se adquirieron a precios de remate y con capitales de origen incierto, así lo señala Emilio J. Urbina Mendoza, Dr. en Derecho de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y la Universidad Deusto, en España.

En el saco entraría igualmente los de la élite del chavismo que lideró el saqueo perpetrado a la nación y que esperarían la oportunidad para blanquear lo robado.

Se transformaría un activo financiero contaminado en un instrumento lícito y transable en bolsas internacionales. Un blanqueo de esta magnitud (estimado entre 150.000 y 240.000 millones de dólares) eclipsaría los precedentes convencionales: la deuda según estos montos, equivaldría a 2,4 veces el PIB anual de Venezuela según estimaciones de 2026.


Los analistas encienden las alertas y Miraflores sigue sin mostrar cuál será la propuesta de reestructuración.

Rosana Sosa García, experta en finanzas y consultora para Riskoff, una firma especializada en gestión de riesgo en América Latina, apunta que se han analizado al menos 24 instrumentos de deuda pública venezolana emitidos principalmente entre 2007 y 2013 (14 bonos de la República, 9 de Petróleos de Venezuela S.A. [PDVSA] y 1 de Electricidad de Caracas).

Sosa García había rastreado hitos de corrupción en sentencias públicas que revelaron una parte de la trama que quedó visible en los expedientes públicos de tribunales de Estados Unidos:

Por citar dos nombres icónicos de las élites del chavismo, el empresario Raúl Gorrín, dueño de Globovision, “pagó para obtener acceso preferencial a la compra de bonos del Tesoro venezolano a una tasa de cambio favorable, revendiéndolos después con cientos de millones de dólares de ganancia. Con nombre y sentencia firme, son bonos soberanos usados como vehículo de un esquema de lavado, no un desvío genérico de fondos públicos”, indicó la consultora.

Y agrega:

“Fue Alejandro Andrade Cedeño, “El tuerto” extesorero nacional y antecesor de Díaz Guillén en el cargo, quien se declaró culpable el 22 de diciembre de 2017 y fue sentenciado el 27 de noviembre de 2018 a diez años de prisión, la pena más alta entre cuatro expedientes. Andrade admitió haber recibido más de mil millones de dólares en sobornos de Gorrín y otros conspiradores a cambio de usar su posición como tesorero para favorecer el mismo tipo de operaciones cambiarias preferenciales”.

Lo que queda claro, hasta ahora, es que, de aprobarse el plan, uno que por cierto podría estar avalado por la Casa Blanca, serían los venezolanos de todas las edades los que pagarían semejante deuda.

El periodista venezolano Omar Lugo de, The Objective, lo ilustra muy bien: Un refinanciamiento viable exige que el país no comprometa "los gastos sociales, de salud, educación y de funcionamiento del Estado". Sin embargo, si Venezuela acepta validar la masa total de la deuda sin quitas o quita una parte enorme de sus recursos para pagarla, esos dólares saldrán directamente de los fondos destinados a reconstruir los colapsados sistemas de salud, la educación pública y la infraestructura eléctrica destruida.

Y es que tras las promesas de la Administración Trump de cooperar en la transición de Venezuela pasando por una recuperación económica, se sembraron expectativas que supieron venderse bien con una inyección de velocidad a la producción petrolera venezolana, la reforma a las leyes de Hidrocarburos y Minas, el posicionamiento del crudo nacional en nuevos mercados internacionales.

Pero entonces, el 24 de junio llegó el doble terremoto para sumar una debacle que el Banco Mundial estima en casi 20 mil millones de dólares más.

No solo se trata de una restructuración de deuda que insólitamente podría blanquear fortunas enteras del chavismo, sino que Venezuela no tiene capacidad de asumir. El PIB nacional se calcula en 111 mil millones anuales, por detrás incluso que República Dominicana, subraya que está en torno a los 119 mil millones anuales, apunta Lugo.

Según los datos el desglose de la deuda hoy día tendría esta radiografía:

  • Bonos (capital e intereses vencidos): $102.000 millones.
  • Préstamos bilaterales (entre países): $25.000 millones.
  • Arbitrajes y demandas en el CIADI (expropiaciones): Más de $20.000 millones.
  • Deuda pendiente con China: $15.000 millones (de un total inicial de $62.000 millones).
  • Club de París: $8.690 millones.
  • Reclamaciones de petroleras privadas: Repsol reclama $4.600 millones. También reclaman Chevron, Maurel & Prom y Schlumberger.
  • Organismos multilaterales (CAF/BID): Más de $4.000 millones (por proyectos inconclusos como la represa Tocoma).


DiarioVersionFinal