La paranoia del poder: cuando el miedo político sabotea el rescate de vidas en Venezuela Por Freddy Alberto León

Resulta desgarrador constatar cómo, en medio de la peor tragedia sísmica que ha golpeado a nuestra nación, las taras ideológicas de las autoridades civiles y policiales pesen más que el clamor de quienes siguen atrapados bajo el concreto. Mientras miles de familias desesperadas suplican por un milagro, brigadas internacionales se topan con un muro de desconfianza. La cruda denuncia de un rescatista chileno es una bofetada de realidad: en plenas labores críticas dentro de los túneles de excavación, funcionarios interrumpen el salvamento no para colaborar, sino para acosar a los especialistas exigiéndoles documentos de identidad de forma repetitiva.




Este saboteo sistemático obedece a directrices específicas de un despacho ministerial, cuyas órdenes saturan de pánico a los cuerpos de seguridad y diversos componentes uniformados. Al ser cuestionados por la absurda frecuencia de los controles a los mismos brigadistas, los agentes admiten sin tapujos el temor oficial de que, camuflados entre los rescatistas, hayan ingresado "espías extranjeros" para ejecutar un golpe de Estado aprovechando el desastre. Esta insólita paranoia criminaliza el altruismo mundial y congela el tiempo vital de supervivencia en revisiones estériles.

Cada minuto perdido demostrando que no se es un agente infiltrado es un minuto arrebatado a un compatriota que se aferra a la vida. El verdadero desagravio hoy no viene de los despachos que politizan la catástrofe, sino de las comunidades locales que arropan, alimentan y defienden a estos bomberos y rescatistas como los héroes que son. Es urgente que se dejen de lado los delirios persecutorios; el único enemigo real bajo las ruinas es el reloj, y es hora de dejar trabajar en paz a quienes vinieron exclusivamente a salvarnos.

Por FAL