La peste que viene de Rusia

Daria Shipilova, de 28 años, ingresó al hospital con síntomas respiratorios graves y, aunque fue conectada a un respirador artificial, a los pocos días murió. La causa: una neumonía fulminante producida por bacterias de la llamada «peste neumónica» que se habían escapado cuando Shipilova rompió un tubo de ensayo y se contaminó de inmediato.


El incidente, que ocurrió en el Instituto Antipeste de Irkutsk, en Siberia, puede generar una epidemia nacional, razón por la cual las autoridades sanitarias rusas aislaron y pusieron bajo observación médica a las 200 personas que tuvieron contacto con ella, decretaron el uso obligatorio de mascarillas en la zona y cerraron temporalmente cinco hospitales regionales como medida de prevención.

Pero, como es usual en Rusia, su agencia sanitaria Rospotrebnadzor y el gobierno central aseguran que la situación está bajo control, aunque catalogaron el fallecimiento de la joven como una «neumonía de causa desconocida». No obstante, varios hospitales de Siberia han sido sometidos a una cuarentena total de tres semanas y las ambulancias son escoltadas por agentes del Servicio Federal de Seguridad (FSB), todo bajo un manto de silencio donde la prensa no ha podido informar claramente.

«La peste neumónica es una infección pulmonar causada por la bacteria «Yersinia pestis», la forma más grave y peligrosa de la enfermedad que suele manifestarse con fiebre alta, debilidad, tos, dificultad para respirar, dolor torácico y, en ocasiones, expectoración con sangre», explicó a la prensa el presidente de la Asociación de Médicos de Salud Pública de Israel, Hagai Levine, país donde existe preocupación por lo ocurrido en Rusia.

«A diferencia de la peste bubónica, que generalmente se transmite por la picadura de una pulga infectada, la peste neumónica puede propagarse de persona a persona a través de gotículas respiratorias durante el contacto estrecho con un paciente que tose. Dado que el estado del paciente puede deteriorarse con gran rapidez, el tratamiento se inicia ante una fuerte sospecha clínica, incluso antes de recibir los resultados definitivos de laboratorio».

En el pasado, la peste fue responsable de algunas de las epidemias más mortíferas de la historia, incluida la «Peste Negra», que se estima acabó con la vida de entre un tercio y la mitad de la población europea en el siglo XIV. Hoy en día, aunque todavía no existe una vacuna contra la enfermedad, se cuenta con tratamientos antibióticos eficaces.

«Las herramientas de salud pública más eficaces son la detección precoz, la administración de antibióticos, el aislamiento del paciente y el seguimiento de las personas expuestas, incluido el tratamiento preventivo cuando sea necesario», insiste Levin.

El último caso de peste en Rusia se registró en 2016, cuando un niño de 10 años contrajo la enfermedad en Altái, en el sur de Siberia.


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