¿Oro para la reconstrucción o para el bolsillo? Por FAL
La petición de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, al rey Carlos III para que libere las 31 toneladas de oro retenidas en el Banco de Inglaterra —bajo la premisa de atender la tragedia del doble terremoto— ha encendido las alarmas y el debate en la opinión pública. La reserva, valorada en unos 2.000 millones de dólares, permanece resguardada en Londres precisamente debido a la crisis de ilegitimidad democrática que arrastra el Ejecutivo venezolano.
En las calles y redes sociales, el clamor ciudadano es unánime y desconfiado: ese oro debe quedarse allá hasta que el país cuente con un gobierno legítimo y electo democráticamente. La historia reciente nos da la razón. Entregarle estos recursos a quienes se han caracterizado por ser pésimos administradores y opacos en su gestión es un peligro inminente. El riesgo de que estos fondos desaparezcan sin rendir cuentas a la nación es sumamente alto.
La excusa humanitaria no convence. El país aún recuerda el escándalo de PDVSA-Cripto que llevó al arresto de Tarek El Aissami por la desaparición de 23.000 millones de dólares en facturas petroleras. Nunca se le explicó al pueblo cuánto se recuperó ni en qué se invirtió. Ante tal antecedente de corrupción, resulta ingenuo creer que el oro inglés tendrá un destino noble. El patrimonio de los venezolanos está más seguro bajo custodia británica que en manos de quienes ya han demostrado cómo esfumar la riqueza nacional.
Por FAL
